El machismo mata
La frase que da título a este artículo es una cruel realidad.
El machismo no es solo una cuestión de actitudes discriminatorias o desigualdad en oportunidades. En su expresión más extrema y letal, se manifiesta en los feminicidios: el asesinato de mujeres y niñas por el solo hecho de serlo, impulsado por relaciones de poder basadas en el género. Esta violencia no es un acto aislado, sino el resultado de un sistema que ha normalizado la dominación masculina y la desvalorización de la vida de las mujeres.
La raíz del problema: un sistema de poder desequilibrado
El machismo se construye sobre creencias profundamente arraigadas que asignan a los hombres roles de autoridad y control, mientras reducen a las mujeres a posiciones de subordinación. Estas ideas se reproducen en hogares, escuelas, medios de comunicación e instituciones, generando una cultura donde la violencia contra las mujeres es vista como un "problema privado" o incluso justificada.
Desde comentarios sexistas cotidianos hasta agresiones físicas y psicológicas, la violencia de género es una escalera que puede llevar al feminicidio. Muchas veces, los asesinatos ocurren en el contexto de relaciones de pareja, donde el agresor busca mantener el control sobre la víctima. En otros casos, responden a prejuicios sobre la "honra" familiar, la sexualidad de las mujeres o su decisión de defender su autonomía.
En México los datos sobre feminicidios son escandalosos. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en lo que va de este año se tienen registrados 54 feminicidios en territorio nacional, los más recientes son los de Rubí, madre buscadora en Sinaloa. Ayer mismo se confirmaron los feminicidios de Ana Karen, en el Estado de México y Kimberly, en Morelos.
También nos indignó el crimen cometido contra Alexa, una niña indígena en Chiapas.
Hay, sin duda, una crisis de impunidad: muchos casos no son investigados adecuadamente, las denuncias tardan en ser atendidas y los responsables no siempre enfrentan la justicia que corresponde.
Esta falta de respuesta por parte de las instituciones refuerza la idea de que la vida de las mujeres no es una prioridad, perpetuando el ciclo de violencia.
¿Qué se puede hacer?
Contrarrestar los feminicidios requiere actuar en múltiples frentes:
- Reformas legales: Es fundamental fortalecer las leyes contra el feminicidio, garantizar que las investigaciones sean exhaustivas y que los castigos sean proporcionales. También se necesita mejorar el acceso a la justicia para las víctimas y sus familias.
- Prevención desde la educación: Incorporar la perspectiva de género en los currículos escolares ayuda a desmontar estereotipos de género desde edades tempranas, enseñando respeto, igualdad y la importancia de la autonomía personal.
- Apoyo a las víctimas: Se deben fortalecer los servicios de atención a mujeres en situación de violencia, como refugios, líneas de ayuda y acompañamiento psicológico y legal.
- Cambio cultural: Los medios de comunicación, líderes comunitarios y figuras públicas tienen un rol clave en visibilizar el problema y promover una cultura de respeto y equidad. Es necesario cuestionar creencias y prácticas que normalicen la violencia contra las mujeres.
Estamos a cuatro días para el 8 de marzo y seguimos viendo que la violencia machista sigue cobrando vidas. Falta, sin duda, mucho por hacer y ojalá se actúe pronto.
Todas merecemos sentirnos seguras.






