Al derecho y al revés. Violencia vicaria en el Estado de México

Al derecho y al revés. Violencia vicaria en el Estado de México


Nada puede doler más a una madre que estar lejos de sus hijos e hijas. Más aún si han sido separados de ella con engaños. Todavía peor si están en su contra.

A veces el dolor comienza en casa. Estando juntos madre e hijos hay insultos, quizás palabras de desprecio.

Ocurre porque papá y mamá discuten, pero él la agrede tanto verbalmente, que la confunde. “Mamá está loca”, dice a veces. 

Los hijos y las hijas, los más pequeños de la casa, no saben en qué momento se convirtieron en instrumentos para hacer daño a mamá. De hecho difícilmente lo llegan a comprender. 

Estamos hablando de violencia vicaria, una de las formas más crueles de violencia de género.

Este tipo de violencia se basa en explotar los lazos emocionales y de cuidado que la mujer mantiene con quienes la rodean, convirtiendo a seres vulnerables en instrumentos de tortura psicológica o física. A diferencia de otras manifestaciones de violencia de género, donde la agresión se dirige directamente a la mujer, en la violencia vicaria el daño se inflige primero a quienes ella ama o está a carga, con el propósito de generar sufrimiento, controlarla, hacerla sentir impotente o castigarla por decisiones que haya tomado, como solicitar separación, denunciar abusos o buscar autonomía personal.

 

El caso del Estado de México

 

En materia legislativa, el Estado de México ha tomado pasos importantes para reconocer y sancionar esta práctica. De acuerdo con los datos disponibles, la entidad mexiquense se posicionó como la 25ª a nivel nacional en incluir la figura de la violencia vicaria dentro de su Código Penal, lo que implica que existe una normativa específica que tipifica este hecho como un delito. Asimismo, ocupa el 5º lugar a nivel país en considerar la violencia vicaria como una manifestación de violencia de género, lo que alinea su regulación con los principios internacionales y nacionales que buscan erradicar la discriminación y agresiones contra las mujeres.

 Además, el Estado de México se encuentra entre las primeras cinco entidades del país en el Código Civil al establecer que la comisión de violencia vicaria puede llevar a la pérdida de la patria potestad por parte del agresor. Esta medida busca proteger a los menores y demás personas vulnerables involucradas, asegurando que quienes han utilizado la violencia como herramienta no mantengan la autoridad legal sobre quienes fueron objeto de su agresión.

 La magnitud del problema revela la urgencia de seguir trabajando en su prevención y atención. El Frente Nacional contra Violencia Vicaria en el Estado de México ha registrado que existen más de 600 mujeres víctimas de este tipo de agresión por parte de sus parejas o exparejas en la entidad. A nivel nacional, los casos reportados ascienden a más de 5 mil asuntos, aunque se estima que la cifra real podría ser aún mayor debido a la subregistro, producto del miedo a represalias, la falta de conocimiento sobre los derechos de las víctimas o la dificultad para acceder a servicios de apoyo y justicia.

 Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de fortalecer las estrategias de detección temprana, brindar apoyo integral a las mujeres y sus familias afectadas, y continuar fortaleciendo el marco legal para garantizar que los agresores sean sancionados y que se prevenga la repetición de estos actos.