Sueros vitaminados, el negocio de la muerte
El reciente caso de Hermosillo, Sonora, donde al menos ocho personas murieron y otras cuatro fueron hospitalizadas tras recibir tratamientos de sueros vitaminados, ha encendido las alertas sobre un problema que crece silenciosamente: la realización de procedimientos médicos o estéticos fuera de establecimientos certificados y por personas sin la formación o supervisión adecuadas. Lo que se promociona como una solución rápida para “revitalizar” el organismo se convirtió en una tragedia, revelando los peligros mortales de estas prácticas sin control.
Entre febrero y abril de 2026, varias personas acudieron a una clínica privada para recibir sueros intravenosos que prometían aliviar el cansancio, mejorar la energía o tratar malestares generales. Poco después de la aplicación, presentaron síntomas graves como vómitos, diarrea, daño renal y hepático. Siete pacientes perdieron la vida, la más joven tenía solo 19 años.
En esa clínica donde ellas y ellos acudieron con la esperanza de tener mejor salud, la Cofepris y la Fiscalía estatal detectaron irregularidades graves: equipos contaminados, jeringas precargadas sin garantías sanitarias, preparación artesanal de las soluciones y uso de sustancias no autorizadas para uso intravenoso. El responsable del centro, un médico general de nombre Maximiano, fue señalado como responsable. Ya se emitió una alerta de búsqueda a nivel nacional e internacional para localizarlo.
Los sueros intravenosos, que prometen maravillas en nuestra salud, no son para nada inofensivos como te los quieren vender debido a que introducen sustancias directamente en el torrente sanguíneo. Esto simplemente nos debe poner en alerta.
En todo el país, se han detectado centros que ofrecen tratamientos médicos, estéticos o de “bienestar” sin cumplir con las normativas sanitarias, ni contar con personal capacitado. Muchos de estos servicios se promocionan en redes sociales con promesas de resultados rápidos y precios atractivos, pero ocultan riesgos que ponen en peligro la vida de las personas.
Verse bien, se vale. Sentirse bien, es nuestra responsabilidad.
El problema es que los tratamientos estéticos “milagrosos” se están convirtiendo en una moda que obedece a la exigencia de la sociedad, donde no cabe verse cansados, envejecidas, sin una apariencia atractiva.
Somos, casi, un producto que se auto promociona en redes sociales y no medimos el precio.
Estas marcas que nos venden salud y belleza, se valen muchas veces de figuras públicas para su promoción.
La tragedia en Sonora es un recordatorio doloroso de que la salud no se puede poner en riesgo por comodidad o desinformación. Cualquier intervención en el cuerpo requiere responsabilidad, conocimiento y cumplimiento de normas que garanticen la seguridad de las personas.






