¿La Doctrina AMLO para la izquierda latinoamericana?
Por Francisco Espinoza
Mucho se ha dicho sobre el movimiento pendular de la política en América Latina: mareas de derecha dan paso a mareas de izquierda y viceversa. Actualmente, según los últimos resultados en Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile, Paraguay -y lo acontecido en Perú- el péndulo está oscilando hacia la derecha, lo que hace frotarse las manos a la oposición mexicana, quienes más por wishful thinking que por un análisis objetivo de la realidad mexicana, desean y prevén, tal como en aquellos países, que termine el ciclo progresista instaurado por la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, una vez terminado el sexenio de AMLO, se pueden apreciar diferencias nítidas con algunos de aquellos gobiernos sudamericanos que posteriormente fueron vencidos en las urnas por opciones de derechas. Estas diferencias constituyen, a mi parecer, parte de las razones por las que, en 2024, la 4T haya refrendado el poder, y una barrera para que no triunfe la derecha neoliberal mexicana en 2030, en lo que podríamos denominar la Doctrina AMLO:
No reelección: A pesar de haber tenido mayoría calificada en el Congreso de la Unión e, incluso, posibilidad de someter a consulta popular una reforma constitucional que permitiera su reelección, AMLO, maderista de toda la vida, rechazó esa posibilidad, a diferencia de sus pares sudamericanos como Evo Morales, Hugo Chávez, Maduro, Ortega en Nicaragua. Buscar reelecciones indefinidas, aunque sean genuinamente avaladas por el voto, provoca que los políticos pierdan el piso, que se sientan personas “providenciales” que son las únicas que pueden lograr cambios y empiecen a cometer errores garrafales y alejarse del pueblo.
No expropiación: Durante todo el sexenio de AMLO no se expropió ni una sola empresa privada. Incluso Fox, un neoliberal, sí expropió ingenios azucareros en su sexenio. Si el Estado considera que la iniciativa privada no está atendiendo un sector de la economía que se considera estratégico, es mejor recurrir a la creación de empresas estatales. Las expropiaciones de empresas privadas exacerban el malestar de las minorías oligárquicas y constituyen material de golpeteo político en medios, aun cuando en algunos casos se justificase.
No aumento de impuestos a los magnates: AMLO no promovió, a pesar de que muchos sectores de la intelectualidad de izquierda y académicos han señalado su conveniencia, el aumento del ISR a las rentas más altas ni mucho menos la creación de un impuesto a la riqueza. Tampoco aumentó la tasa del IVA. Paradójicamente, el último sexenio donde se promovió estas medidas, fue en el ultraneoliberal (Pacto por México) de Enrique Peña Nieto. Si cobrar bien los impuestos – con las tasas establecidas en anteriores sexenios- y prohibir constitucionalmente la condonación fiscal, causó un enardecimiento descomunal en las elites, imaginemos qué hubiera pasado si se aumentaba el ISR a las personas de más altos ingresos, se creaba un impuesto a la riqueza o se instauraba el impuesto a las herencias, el cual existe en prácticamente todos los países desarrollado, inclusive en Estados Unidos; quizá algunos sectores oligárquicos muy reaccionarios hubieran buscado la ruptura del orden constitucional.
AMLO redistribuyó la riqueza utilizando el entramado fiscal existente, aumentando el salario mínimo y vía programas sociales universales, pero también disminuyó, cuando fue necesario, el tamaño del Estado (desaparición de organismos autónomos y desconcentrados) para liberar más recursos fiscales para la población, así como cancelar contratos leoninos para la Hacienda pública, mejorar la recaudación en aduanas, entre otras medidas . Es decir, a diferencia de sexenios anteriores fue el gobierno el que se apretó el cinturón, no la ciudadanía.
No cerrar medios de comunicación: Correa y Maduro buscaron y lograron el cierre de medios de comunicación. Considero esta medida desatinada, es preferible contar con medios de comunicación propios, o con la gran genialidad de AMLO, “La Mañanera” para que un gobierno tenga la posibilidad de generar agenda pública, sin tener que incurrir en convenios de difusión (chayote) que para el último año de EPN, fue de 12 mil millones de pesos. El sexto año de AMLO, en contraparte, tuvo un gasto en comunicación social 2,500 mdp. Se vale disminuir el gasto en difusión, contar con medios de comunicación estatales o conferencias de prensa diarias para difundir la agenda de gobierno y para desmentir fake news, pero no perseguir judicialmente a periodistas, periódicos, noticieros, etc. Y aquí hay que decirlo, algunos políticos morenistas han cometido el craso error de denunciar judicialmente a tuiteros y periodistas por nimiedades; dejen de hacerlo, ya que eso le da banderas a la oposición de derechas.
No encarcelar opositores o cancelarles sus candidaturas: no hay mucho que abundar en esto. Lo que han hecho Maduro y Ortega al encarcelar opositores o impedirles judicialmente que contiendan por la presidencia, va contra toda lógica política. En democracia no se pueden cancelar las disidencias, bajo ninguna circunstancia. Es mejor dejar que hablen las urnas, como lo han hecho en México contundentemente desde 2018.
Por último, en cuanto a las relaciones internacionales, el caso de México es muy particular, comparte una de las fronteras más grandes del mundo con una superpotencia global con sempiternas tendencias hegemónicas e imperialistas, y con el que nuestro país está profundamente integrado en lo económico y por los millones de mexicanos y descendientes de mexicanos que viven allá. Aquí se puede negociar con dignidad y no dejarse avasallar por nuestro vecino del norte, pero no se le puede hacer un guiño a las superpotencias que son enemigas de Estados Unidos. AMLO estaba plenamente consciente de esto (recordemos la cancelación de la concesión para explotar litio a una empresa china).
La PresidentA Sheinbaum mantiene las características que arriba señalé, a la vez que imprime a las instituciones federales su estilo personal de gobernar -más atenta al detalle y a los aspectos técnicos- por lo que auguro que su sexenio será mucho más exitoso que el de AMLO. Será el pueblo el que evaluará su gestión en 2030.






